Cuento para trabajar los límites

07.23.2010 en General por admin

contar-cuentosQuiere comer más chocolate, comprar más sobres para su álbum favorito, mirar más rato la tele… y le cuesta entender por qué tiene que haber límites.
La moderación es una virtud difícil de conseguir, también para los adultos, pero cuando tu hijo asuma que existen límites será más responsable y aprenderá a vivir sin que tengas que supervisar cada cosa que hace. En definitiva, madurará.
El cuento recomendado no está adjudicado a ninguna edad en especial. Es un relato que se puede adaptar a nuestro hijo en función de su madurez y su nivel de comprensión.
¿Qué cuento se puede contar?
“Los regalos del pueblo pequeño” de J. y W.Grimm
“Érase una vez un sastre y un joyero que iban de viaje de negocios. Se habían conocido por el camino y habían decidido viajar juntos para hacerse compañía, ya que iban en la misma dirección. Un día, al atravesar unas montañas, encontraron una multitud de hombres y mujeres muy pequeños que cantaban y bailaban. Formaban un coro, y en el centro vieron a un anciano que les hizo señas para que se acercaran. El sastre y el joyero cruzaron aquel coro tan alegre y se acercaron al viejo, que sonriendo sacó unas tijeras de su bolsa y les cortó el pelo. Cuando acabó, señaló una montaña de carbón que había a su lado y les indicó por gestos que llenaran sus bolsillos de aquellos carbones. Ambos obedecieron sorprendidos, y después de despedirse continuaron su camino.
Al poco rato, empezó a esconderse el sol y el sastre y el joyero decidieron buscar un lugar donde pasar la noche. Reposaron en un albergue y se durmieron enseguida porque estaban muy cansados. A la mañana siguiente se pusieron sus chaquetas y notaron un gran peso en los bolsillos.
¡Qué sorpresa cuando sacaron lo que había dentro! El carbón se había convertido en oro. Y, además, su pelo había vuelto a crecer. El joyero, que era un hombre codicioso, se entusiasmó con el oro y propuso al sastre volver a las montañas para que el anciano les diera más riquezas. Pero el sastre le contestó que, con lo que tenía, él ya estaba más que contento.
El joyero pensó: “Pues yo no tengo suficiente, así que esta noche volveré y cargaré tanto carbón como pueda”. Así lo hizo y regresó al albergue arrastrando una enorme bolsa de carbón. El joyero estaba tan entusiasmado que no se podía dormir, pero cuando por fin llegó la mañana se levantó de un salto de la cama y vio que en la bolsa… sólo había carbón. Y encima, ¡se había quedado calvo y le había salido una joroba en la espalda! El sastre sintió lástima por su compañero de viaje y compartió con él su oro. Y el joyero le dijo: “Gracias, amigo, si hubiera hecho lo mismo que tú ahora no tendría esta joroba, pero esto me servirá para recordar que no es bueno ser codicioso”. Los amigos siguieron su camino y nunca más olvidaron lo que el viejo de las montañas les había enseñado”.

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